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A trip to Zurich

15 marzo 2010

Rosario es una ciudad llena de minas, cuatro por cada pibe, según nuestros cálculos. Es una ciudad de minitas amigas, muchas, todas en grupo. A mi no me sorprende, si comparten tantos espacios comunes llenos de sus congéneres es natural que sean amigas y anden en grupos. 

Es ciudad de alemanes y deportistas. El hotel se llama Zurich, los pasillos emulan al bunker de los últimos días del Furher. En cada recoveco sospechamos una Eva Braun. Las habitaciones son de telo reformado. Telo chiquito y funcional, dos horas y a la mierda. 

-“No les digas santafesinos porque se pudre todo”- me avisa Phaku antes de bajar del bondi- “al parecer tienen un problema de ubicación geográfica. Ellos no son santafesinos, son rosarinos”.  Como si La Plata nos declarara la independencia, pienso y me río. 

La ciudad tiene estructuras altas. No se como explicarlo, cuando camino por Buenos Aires mantengo una relación de distancia estándar entre el comienzo del primer balcón de cualquier edificio y el suelo que piso. Si bien soy bastante petizo, esto es algo regular y tranquilo. En Rosario estas distancias se modifican en uno o dos metros, prefiero atribuírselo a la construcción colonial.

En la playa el domingo todos son sub.35 hasta pasadas las 4 de la tarde. Lo bueno es que eso me obliga a remontar el target, a afinar la puntería con un lado con el cual no suelo relacionarme mucho: la gente mayor que yo. Los rosarinos y las rosarinas son admirables. Viven haciendo deporte, son gente muy estilizada. No encontras uno con panza, todos conocen y traban amistad con sus abdominales y oblicuos. Algo que claramente no es mi caso. Si bien alguna vez nos presentaron, la relación no prosperó.

Lo que me inquietó es su déficit de vocabulario completo. Al parecer, en los libros de primaria no está la letra S y sobraban J (que se autoubicaron en medio de algunas palabras, como para no quedar extintas).

 El piso debe estar lleno de terminaciones en plural que se mueren ahí por falta de uso. “gracia chico, que la pasen bien”; “no, gracia a vo”, “viste ahí, va hasta el rio y ahí nomá tené ahí lugare pa comé”. Salvando las distancias, en mi barrio pasa majomenos lo mismo (malditas jotas).

En pocas cuentas, fue un finde genial. De muchos planes, muchas vueltas, mucha caminata y demasiado sol en la piel. Ahora si me disculpan me retiro a bañarme una vez mas en crema nivea ultra hidratante. No se confíen del sol del mediodía, ni siquiera cuanto, como ayer a la tardecita en plena playa, llueve con el cielo despejado.

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San Bernardo esta lleno de gente que solo se tolera con resaca.

1 marzo 2010

(La Lucila del Mar. Mi paraiso por 15 dias. Un lugar donde todos son hijos, padres, novios o maridos de alguien. El promedio de edad de los chicos/as es de 7 a 18 años. Mirar de más en la playa puede salir caro. El celibato es azul, como el mar azul. Sin embargo han pasado cosas memorables.)

Instrucciones para colarse en un boliche de la costa, pasadas las 4 de la mañana:

  1. Elija el peor boliche de todo el lugar. Pague los 40 pesos. Ingrese. Arrepiéntase. Baile cumbia. Arrepiéntase. Intente estimular su bisexualidad. Arrepiéntase. Mesajeese con alguien que este en otro lugar y rescate su instinto de huida. Bébase de un trago y sin respirar la mitad de un Dr. Lemon vodka. Acepte la sugerencia de sus amigos: abandonar el lugar en cuestión es prioridad antes de perder algo más preciado que las corneas.
  2. Camine al menos 5 cuadras. A la segunda, el vodka hará un efecto demoledor al mezclarse con el “shampan” que debió haber tomado en algún momento de la noche -algo que usted prefiere olvidar, creame-. Las próximas cuadras usted debe notar que su organismo emite sonidos, llámese palabras, pero solo las registra una vez dichas. No se preocupe, va por buen camino.
  3. Acérquese a la entrada del lugar al que intentará ingresar contravencionando la ley. Asegúrese que sus amigos lo acompañan de cerca. Ponga cara de canchero. En voz baja, hable con Dios y pida milagros. Nota: en este punto su información sensorial puede volverse borrosa. Registre con cuidado los siguientes diez minutos, serán de vital importancia.
  4. Si Dios lo escuchó, al mismo tiempo que le niegan la entrada a un grupo de 4 Natalia Natalia (que usted claramente no registra porque “yo no estoy borracho, ustedes estan borrosos”) una señorita saldrá a la puerta del lugar en cuestión y le solicitará al agente de la ley (policía federal, el orgullo nacional) que la asista en un caso de violencia. Las palabras adecuadas sonarán parecidas a: “eiii me están pegando..”.
    El policía, ubicado del otro lado del vallado en el mismo lugar que usted, se encogerá de hombros (no de abdomen) y señalará al único patovica que custodia la entrada cuya tarea es decir: “no se puede ingresar a esta hora, chicos”.
  5. Aguarde un instante, callado la boca. DIJE CALLADO LA BOCA. Contenga sus movimientos y no denote entusiasmo alguno cuando el patova se descuide y se acerque a ver la supuesta riña. Continúe caminando, ignore al policía, pase de largo del custodio que intentará atajar a los Natalia Natalia, apresure el paso, ingrese al local bailable como pancho por su casa.
    Nota: apriete bien las cachas, si este punto sale mal usted estará al horno con papas.
  6. Déjese llevar entre la multitud. Envíe sms desde su teléfono, ahora codiciado por varios cacos del lugar. Olvídese de todo y no escuche cuando su amigo diga algo como “apúrense que acá hay cámaras”. Atribuya todo al alcohol. Suspire. A los pocos minutos estará bailando en el nivel superior del VIP. Garantizado.

(Regresé. Cuando uno vuelve a buenos aires con un color marron parejo muy noventas en Miami se cree groso. Sin embargo, la ciudad pisotea tu singularidad  a las 9 de la mañana en la linea D.)