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Cuiqui

29 noviembre 2011

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26 peldaños contados una y otra vez. Cuando llegaba al numero 15 ya tenia el miedo trepado a los hombros, haciendo presion hacia abajo. El miedo me corria por la espalda mientras me agarraba fuerte a la baranda de fierro. Llegar arriba era ganarle al animalejo que me mordia los tobillos.

24, 25, 26. Llegar y mirar el camino empinado. Temer las astillas, pero mas aun la velocidad. No importa que abajo esté la arena, y mas alla siga la plaza infinita. No importa que pegue la espalda a los listones y que aleje las manos de los bordes para no quemarme las palmas o clavarme ningun tornillo traicioner. No importa que sepa como hacerlo.

El miedo esta ahi, el miedo esta en la panza, hace un nudo con mis tripas y me paraliza el pie. Los otros chicos empujan, ya dejaron su miedo enterrado en el subibaja. Yo tomo aire, me siento despacio, miro las puntas de mis zapas, cierro los ojos y me dejo caer.

La valentía es miedo al revés.

La fiesta del Té

13 abril 2011

Hay muchas cosas que no entiendo en la vida moderna, entre ellas, el sutil arte de mantener una erección en un baño público.

O sea, no peco de ingenuo ni mucho menos, entiendo las corrientes eróticas clásicas y sus conocidas desviaciones hacia lados que suelen ser vistos como perversos. Sin embargo, de todas esas “elecciones” distintas aun no comprendo del todo la de los baños públicos.

Antes de ayer me estaba meando casi encima cuando bajé del subte y fui, una vez mas en mi vida, al baño del Mc del obelisco. Ya conozco su historia, su fauna y su tradición, ya se que es una encrucijada sexual en pleno corazón porteño, así que no me asombré de lo que allí encontré: mas de 4 tipos de todas las edades, pajeandose unos al lado de otros en una eterna espera frente a un mingitorio.

Mi reflexión vino después, a mi lo que me asombra no es la existencia de las “teteras” sino la maña que se dan los chabones para seguir al palo en un ambiente que se puede calificar de anti-erótico por naturaleza. Hay olor (mucho y muy particular) es sucio, es desagradable, y generalmente la compañía no es la deseada. Ante este panorama, ¿Cómo se mantiene el deseo?

A confesión de partes, relevo de pruebas, no voy a negar que no se me pararía a mi con la adecuada estimulación, sin embargo no le veo la gracia a estar parado en un urinario, sin contacto sexual alguno quizás hasta por horas, para conseguir digamos.. 10 minutos de joda.

Pero si hay algo que me queda claro es que todo en la vida del puto promedio resulta mucho esfuerzo para poco goce. Y no me refiero solo a lo sexual, también en los aspectos sociales parece existir esta capa de barniz artificioso, que aplicada con esmero hace que todo parezca un poco mas brilloso, mas apetecible a la vista del otro.

Y quizás en mi humilde y equivocada opinión, es por esa misma artificiosidad que se generan esos eternos círculos de relaciones, idas, vueltas, boliches, túneles y polvos sin razón o sentido, que parecen la única forma de justificar el esfuerzo de haber llegado hasta ahí

Bad taim, gud feis..

20 marzo 2011

Tengo mucho cambio chico en los bolsillos. Tengo un chupetín y un precinto roto. La camisa abierta, el sol (todo el sol) arriba mio.

Me sobra domingo, son las 9 y media de la mañana. Tengo el regreso a casa complicado. Tengo resaca de no haber tomado, que es la peor, porque no se va con nada.

Tengo que dormir, dejar de pensar, tapar los espejos, vender los sueños, olvidar las pretensiones. Tengo que seguir siendo yo, aunque no quiera.

Lo que no tengo es voz. Por eso volvi a escribir.

Sale el sol. Felices pascuas.

6 abril 2010

En el baño del vip un pibe con muchos músculos y sin remera aspira merca mientras se sacude la pija después de mear. Me mira por el espejo con cara de androide, intento develar si hay lujuria debajo de sus ojos,  devuelvo la mirada pero no se qué dice mi cara.

Por detrás mio pasa un modelito viejo conocido -cara de una marca de ropa con terminología de rugby- que es literalmente devorado por un nn que lo empuja a uno de los cubiculos. 

Salgo del baño y me tiro en los sillones de la antesala, de fondo escucho a Ce y a nuestra Pibito que emulan alguna escena de Esperando la Carroza.  Las Pibitos tuvieron una pelea fea esta noche, Ce les pidió que se dejen de romper los huevos y sean hombrecitos. “Dejen para mañana lo que pueden discutir hoy”. Gran frase. 

Antes, mucho antes se me escapo algo como “Esto no es ser, es estar”. Se lo digo a Pe y me mira y sonriendo me da la razon. Yo le doy las gracias por los precintos, una vez mas. Pe es un buen amigo, una excelente persona. 

Cuando la chica de la  Pibito dejo de putear y se fue, aparecen de la nada dos botellas pequeñas de champagne y otro speed con vodka. Un pibe de La Plata –que no sabe que yo se quien es ni que un par de años atrás concursaba en un tonto certamen de fotologs del cual era yo jurado- me alienta a bailar electrónica como Moria Casán mientras yo le grito a mis amigos que me pasen el trago o un arma, lo primero que encuentren. 

Gana terreno la botellita de espumante y yo pierdo la cabeza. Al salir me doy cuenta que también perdí la cara y el nombre del  chico con remera a rayas verdes y blancas que me regaló unos besos muy cool -solo se que era de quilmes. no es de mucha ayuda ¿verdad?- y que además anoté mal su teléfono. Mientras me lo dictaba, me llegó un sms de Ce que decia que habia rescatado a Pe de la oscuridad al fin y que mejor nos fueramos. 

A trip to Zurich

15 marzo 2010

Rosario es una ciudad llena de minas, cuatro por cada pibe, según nuestros cálculos. Es una ciudad de minitas amigas, muchas, todas en grupo. A mi no me sorprende, si comparten tantos espacios comunes llenos de sus congéneres es natural que sean amigas y anden en grupos. 

Es ciudad de alemanes y deportistas. El hotel se llama Zurich, los pasillos emulan al bunker de los últimos días del Furher. En cada recoveco sospechamos una Eva Braun. Las habitaciones son de telo reformado. Telo chiquito y funcional, dos horas y a la mierda. 

-“No les digas santafesinos porque se pudre todo”- me avisa Phaku antes de bajar del bondi- “al parecer tienen un problema de ubicación geográfica. Ellos no son santafesinos, son rosarinos”.  Como si La Plata nos declarara la independencia, pienso y me río. 

La ciudad tiene estructuras altas. No se como explicarlo, cuando camino por Buenos Aires mantengo una relación de distancia estándar entre el comienzo del primer balcón de cualquier edificio y el suelo que piso. Si bien soy bastante petizo, esto es algo regular y tranquilo. En Rosario estas distancias se modifican en uno o dos metros, prefiero atribuírselo a la construcción colonial.

En la playa el domingo todos son sub.35 hasta pasadas las 4 de la tarde. Lo bueno es que eso me obliga a remontar el target, a afinar la puntería con un lado con el cual no suelo relacionarme mucho: la gente mayor que yo. Los rosarinos y las rosarinas son admirables. Viven haciendo deporte, son gente muy estilizada. No encontras uno con panza, todos conocen y traban amistad con sus abdominales y oblicuos. Algo que claramente no es mi caso. Si bien alguna vez nos presentaron, la relación no prosperó.

Lo que me inquietó es su déficit de vocabulario completo. Al parecer, en los libros de primaria no está la letra S y sobraban J (que se autoubicaron en medio de algunas palabras, como para no quedar extintas).

 El piso debe estar lleno de terminaciones en plural que se mueren ahí por falta de uso. “gracia chico, que la pasen bien”; “no, gracia a vo”, “viste ahí, va hasta el rio y ahí nomá tené ahí lugare pa comé”. Salvando las distancias, en mi barrio pasa majomenos lo mismo (malditas jotas).

En pocas cuentas, fue un finde genial. De muchos planes, muchas vueltas, mucha caminata y demasiado sol en la piel. Ahora si me disculpan me retiro a bañarme una vez mas en crema nivea ultra hidratante. No se confíen del sol del mediodía, ni siquiera cuanto, como ayer a la tardecita en plena playa, llueve con el cielo despejado.