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queer eye for the sraight marriage

2 junio 2010

Hay veces en que uno opina porque se le satura la cabeza, sinceramente no encuentro otra explicación. Esta sociedad argentina tan habladora nos impulsa a formar una opinión, a manifestarla. No se puede estar fuera de ningún acontecimiento social, sin al menos justificar (opinando) nuestro deseo de no participar.

 Y así fue como al principio quise mantenerme fuera de la cuestión del matrimonio gay (¿se la veian venir o pensaron que iba a saltar con el Mundial?). No seguí el debate ni quise hablar cuando en twitter me lo repetían de a 100 o 200 mensajes, no quise meterme a leer casi nada y traté de no escuchar a Pepito Cibrian gritando “marica” exactamente 45 veces (estadística a cargo de La Nación).

Pero no puedo, es mas fuerte que yo. No puedo hacer oídos sordos mas tiempo. Me pronuncio totalmente a favor del matrimonio homosexual (que novedad) pero me da miedo que sea tomado a la ligera por los gays y lesbianas de nuestro país.

Y no es que me pare de la vereda de enfrente, tal como me recrimina mi cabeza mientras escribo esto. Yo también soy puto y no se si me casaría. Lo que me da miedo es que en pos de la reivindicación de la victoria obtenida, se den casamientos en masa (típicos de mentalidad argenta) y se dejen de lado las responsabilidades y obligaciones que el matrimonio conlleva.

Es decir, si vivimos una época donde la gente que puede se casa menos, tal como nos cansamos de leer en la tapa de la Viva del domingo (ahora cito a clarín, vieron mi pluralidad de fuentes ¿no?) y si quienes transitamos por el ambiente sabemos que en su gran mayoría el conjunto homosexual alienta una cierta tendencia licenciosa (ven, no dije promiscua. No salten todas maricas y tortas. Tener en casi todos los boliches un reducto oscuro o un pasillo tapado con una cortina, donde todos se tocan con todos, no es fomentar prácticas promiscuas solo darle una onda picante y libertina al sábado a la madrugada) me da cagazo que el resultado positivo de la lucha sea el fin optimo para los argumentos de los detractores.

O en criollo: al principio va a estar todo bien, mucho arroz, mucho casamiento, pero en cuanto las demandas por divorcio llenen los escritorios de los abogados, las ratas contreras, los católicos recalcitrantes, los medios de comunicación, algunos sectores de la sociedad y los putos mas “pro” van a ir juntando leña para la fogatita hermosa que va a quemar a tanto idealista del movimiento LGBT. Y a la mierda con lo obtenido. ¿Todo por que? Porque el ambiente homosexual tiende a dejar de lado sus “obligaciones” y solo a exigir derechos (placer, disfrute, reconocimiento, reivindicación).

Yo se que el matrimonio heterosexual no es menos “licencioso” (acá si estoy diciendo promiscuo) y que también se divorcian (vamos, sin papá ausente la mitad de ustedes no lee este blog, ni lo entienden), pero ellos nunca tuvieron que ir a pelear una ley al gobierno ni defender su causa.

Muy orondos, no se los mira ni se los juzga, se los toma como un fenómeno social. El problemita es eso, nosotros por ahora somos fenómeno de circo.

Ahora bien, a modo de defensa, la clave estaría en que se casen solo los homosexuales verdaderamente responsables. Es decir, aquellas parejas ya constituidas con un cierto perfil de “familia” y una verdadera actitud madura y responsable ¿verdad? Ok. No se casa CASI nadie (ven el casi, es mas grande y en negrita ¿notaron? bueno ahí entran todos los que ahora me putean diciendo que generalizo. Uds. son el CASI, chicos).

 Y ya sé que están pensando que con los heterosexuales pasa lo mismo. Pues bien, ¿notaron por que CASI nadie de ellos elige casarse?

 Resumiendo: me da miedo que existan batallas que a veces resulta mas peligroso ganarlas que perderlas. La ley de matrimonio es una NECESIDAD, claramente, el problema es que no se si es esta sociedad (tan inmadura) la que la necesita. Y tampoco se si es esta sociedad (más inmadura todavía) la que debe defenderla o criticarla.