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3 julio 2012

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Lluvia

Cae la primer gota, contra el asfalto recalentado del sol de la tarde.

¿Lluvia?. Dos gotas no son lluvia. No ameritan los gritos de la abuela para que alguien descuelgue la ropa, ni permiten que los pibes del barrio salgamos en manada a la calle, rompiendo el silencio de la siesta y contaminado la cuadra con nuestro chapoteo ilegal y nuestras carreras de tapitas en la zanja.

En mi barrio en febrero jugabamos a la comparsa. Eramos 15, disfrazados, haciendo ruido de tambores. Una conga descompasada que corría vereda por vereda, haciendo bochinche y bailando muy mal.

Nadie se salvaba ni de ser importunado, ni de ser victima de un robo. Las nenas de la casa del fondo sacaron una tarde las sábanas de la cama de su mamá para desfilar con capas largas, como princesas.

Y como bruja se puso la madre, que las encerró en el cuarto sin cena ni postre.

Lluvia.

Ahora si. Son muchas las gotas, pero aún no es un chaparrón.

Abro la puerta sin que la abuela lo note. Corro descalzo y sin remera al medio de la calle. No hay autos, esto es zona sur. Acá en verano se hacen otras cosas antes que ponerse a conducir con este calor y esta humedad que no baja.

Lluvia.

Mil gotas. Me robo algunas. Me ve solo el vecino de la esquina.

Antes que venga el viento y el trueno, los amigos de la tormenta que corrió a la lluvia para jugar en todo el cielo, vuelvo adentro. Cuido de no manchar con barro el parquet del comedor y cuando la temperatura baja de golpe y cae de lleno la cortina de agua, me hago ovillo con un libraco de cuentos en el sofá de pana azul.

Una estupida pintura costumbrista…

19 abril 2010

En el subte, un pibe lee uno de los tres de Stieg Larsson, le falta poco para el final y lee con ganas, sosteniéndose como puede. Lee con avidez, lee concentrado. Lo felicito internamente, quiero meterle mano a la saga milennium desde que la vi, sin embargo, el precio es demasiado para tres libros de morondanga.

Estoy apoyado contra la puerta, miro distraído los fogonazos de luz que a intervalos  cruzan delante mío. Desde chico me encantan esos manchones blancos, me tranquiliza su regularidad. Las primeras veces que viajé en subte, recuerdo, no podía mirar hacia afuera. Me asustaba el ruido y me daban pánico las víboras (cables) que surcaban las paredes. Sin embargo, no podía dejar de mirar las luces, son tan perfectas…

Enfrente mío un pibe onda piola vago clava trance al taco, cierra los ojos despacito, imagino que imagina, sueña o revive alguna fiesta pasada. Linda forma de empezar el lunes.

En Callao una minita con botas altas sube con un vaso de plástico de starbucks. La odiamos, mucho, sobre todo porque mis pretensiones de desayuno se esfumaron poco tiempo atrás cuando me enteré que anoche en el Hospital se cayó un ascensor, hay gente herida y medios preguntando.

No va a ser un día fácil, va a ser lunes.

A trip to Zurich

15 marzo 2010

Rosario es una ciudad llena de minas, cuatro por cada pibe, según nuestros cálculos. Es una ciudad de minitas amigas, muchas, todas en grupo. A mi no me sorprende, si comparten tantos espacios comunes llenos de sus congéneres es natural que sean amigas y anden en grupos. 

Es ciudad de alemanes y deportistas. El hotel se llama Zurich, los pasillos emulan al bunker de los últimos días del Furher. En cada recoveco sospechamos una Eva Braun. Las habitaciones son de telo reformado. Telo chiquito y funcional, dos horas y a la mierda. 

-“No les digas santafesinos porque se pudre todo”- me avisa Phaku antes de bajar del bondi- “al parecer tienen un problema de ubicación geográfica. Ellos no son santafesinos, son rosarinos”.  Como si La Plata nos declarara la independencia, pienso y me río. 

La ciudad tiene estructuras altas. No se como explicarlo, cuando camino por Buenos Aires mantengo una relación de distancia estándar entre el comienzo del primer balcón de cualquier edificio y el suelo que piso. Si bien soy bastante petizo, esto es algo regular y tranquilo. En Rosario estas distancias se modifican en uno o dos metros, prefiero atribuírselo a la construcción colonial.

En la playa el domingo todos son sub.35 hasta pasadas las 4 de la tarde. Lo bueno es que eso me obliga a remontar el target, a afinar la puntería con un lado con el cual no suelo relacionarme mucho: la gente mayor que yo. Los rosarinos y las rosarinas son admirables. Viven haciendo deporte, son gente muy estilizada. No encontras uno con panza, todos conocen y traban amistad con sus abdominales y oblicuos. Algo que claramente no es mi caso. Si bien alguna vez nos presentaron, la relación no prosperó.

Lo que me inquietó es su déficit de vocabulario completo. Al parecer, en los libros de primaria no está la letra S y sobraban J (que se autoubicaron en medio de algunas palabras, como para no quedar extintas).

 El piso debe estar lleno de terminaciones en plural que se mueren ahí por falta de uso. “gracia chico, que la pasen bien”; “no, gracia a vo”, “viste ahí, va hasta el rio y ahí nomá tené ahí lugare pa comé”. Salvando las distancias, en mi barrio pasa majomenos lo mismo (malditas jotas).

En pocas cuentas, fue un finde genial. De muchos planes, muchas vueltas, mucha caminata y demasiado sol en la piel. Ahora si me disculpan me retiro a bañarme una vez mas en crema nivea ultra hidratante. No se confíen del sol del mediodía, ni siquiera cuanto, como ayer a la tardecita en plena playa, llueve con el cielo despejado.

h dos ooooooh

4 enero 2010

El comienzo del año fue agua. Pura agua. Desde el jueves de madrugada, que se disolvió en interminables vasos y tragos con reaggetón de fondo hasta ayer, cuando me deshidraté de tanto llorar.
El 2010 es liquido (Baumann no te alegres aun te odio).

guatefac?

14 diciembre 2009

¿Que onda la cosa esa de la ropa?-pienso y casi me sale en voz alta y a los gritos, pero eso es porque estoy ebrio. Son las 3 de la mañana del sábadoparaeldomingo y en Monte Grande ibamos a entrar a un bar-boliche algo subido de clase (pretendida nunca real) como buenos vips sin hacer la cola pero OH MY GOSH, tengo bermudas blancas.
Lagerfeld, mil perdones.
Excluidos solo por mis mas de 90 pesos de tela de buena marca y calidad, bien cuidada, bien calzada, acompañáda por nauticos Boating de muy buen andar y una remera de diseño regalo de Malena en cumple-28. Sentí vergüenza, es innegable.
Vergüenza alcoholica porque en realidad tengo el ego bien alto y se que mis bermudas son mejores que la cara de groncho sureño del patovica en cuestión. Y nos trasladamos a otro lado donde bermudas no importan, donde tequila malo a cinco pe, donde speed a diez y donde después de besar a Novio escuché un asombrado “¿viste eso?” proveniente de improvisada platea masculina.
Pueden decirme Agente G, división operativa INADI, ponele.
Lo que si, estuve lento. Debi haberme sacado la bermuda en el acto. Debajo tenia unos boxers ksk.

Abandono

3 diciembre 2009

Y al fin después de mucho tira y afloje me sacaron la muela. Pero no cualquier muela, LA muela. Cada vez que se hacia referencia a ella las mayusculas tomaban su lugar en el articulo femenino singular.

LA muela sobrevivió a una carie que la violentó algunos años atrás, justo cuando me quedé sin obra social. Maltratada, seguia masticando sin hacer protesta alguna hasya que de golpe no pudo mas. ¡Conducto! exclamó una mañana y se largó a doler con todo. Supe que la cosa iba en serio cuando una tarde, camino de la facultad, quise tomarme un analgesico porque no dejaba de dolerme y al mirar la tirita cai en la cuenta que media hora atrás habia hecho lo mismo. O sea, empastillada y todo no paraba de joder.

Como el cuento de los deditos la sal y los huevos, a primera dentista hizo el alivio de la infesion, la segunda el conducto y la tercera miro por arriba y dictaminó con mal caracter un perno, corona y gingevectomía.  Dialogué mucho con LA muela en ese entonces, viendo que haciamos. Yo queria negociar la tenencia del espacio, digo, a ver si le comprabamos el terrenito a la carie y se bancaba 20, 30 años de provisorio pero ni por putas, mal ahi.

Pasan los años, los gobernantes, los provisorios..quedan los artistas.,.. diria pinti si estuviera de humor pero la verdad es que hace poco volvi a mi primer y unico amor dental, Dolli, mi odontologa. De ahi a hoy fueron 4 o 5 semanas de arreglos previos, queriamos agarrar a LA asi desprevenida. Al final hoy empezo con mucha anestesia (oh my god..it feel soo good) y con muchisimo traqueteo.

20 minutos de fuerza, temple y nervios de hacero hicieron que todo termine bien. Me duele, si, pero no me jode. Tengo un punto de sutura y no puedo sonreir por ahora.

Se que estamos mejor asi, que la separacion era lo mas sabio. Capaz te extrañe mañana y deje poco a poco de dibujar corazones que digan “LA” .  Espero. No te espero.

Pensamiento de lunes

9 noviembre 2009

…yo quiero un laburo donde pueda twittear…

La chica que espera el tren bajo el puente

22 octubre 2009

Es curioso el mecanismo que rige la concesión de ciertos deseos. Mejor dicho, curioso resulta el ritual, el protocolo necesario para la enunciación y solicitud (interna, mental, nunca dicha labios afuera) de la cosa deseada.

Uno no puede ir por la vida pidiendo deseos porque si, hay que ser ordenado. ¿Desea usted recuperar a su gran amor? pues bien, solo debe acodarse en un semáforo y esperar a que pase un auto con moño blanco en el techo transportando en su interior una “novia” con vestido blanco. Ni bien la vea, pida el deseo.

Pongamos por caso que su meta es aprobar matemática, nada más simple: Mírese al espejo concienzudamente hasta detectar una pestaña caída naturalmente (si son forzadas no vale), luego agarre algún amigo que tenga deseos inconclusos, ponga la pestaña en su dedo pulgar con cuidado de no perderla, junte su dedo gordo con el de su amigo mientras piensan en lo que desea cada uno, al cabo de 30 segundos aproximadamente, separe el dedo del de su amigo. El poseedor de la pestaña tendrá su deseo concedido. ¿No es asombrosamente sencillo?

Sin embargo, algo no parece andar del todo bien con estos simples y bien detallados “pasos a seguir” que rondan por allí de boca en boca. Abundan los testimonios de pobres diablos que coleccionan estrellas fugaces caidas a tierra,  llevan 23 años mutilando margarita, pierden fortunas arrojando monedas a las fuentes (tristeza de pobres, alegría de cuida-plazas) o cargan de responsabilidades a inocentes “panaderos” y vaquitas de San Antonio.

Cabe destacar que la lista de quienes fracasaron será siempre mayor que la de quienes lo consiguieron, más que nada por una clara verdad humana: no estamos diseñados para compartir el éxito. La formula ganadora debe permanecer en secreto.

El caso de Margarita Talercio es quizás el más renombrado. A los 21 años, la noche en que su novio la dejó, llorando desconsolada se aferró a la baranda del puente de la estación Avellaneda. A cada tren que pasó sobre su cabeza, Margarita encomendó en silencio el pedido de recuperar a Gabriel Lafuente.

43 años después continúa aferrada a uno de los pilares. Desquiciada, ante la vibración que causa la llegada de cualquier formación grita con fuerza su deseo. Margarita no escucha ya más que su propia petición y la repite conforme al manual. Cumple el proceso a la perfección y aguarda el resultado seguramente satisfactorio. Poco le importa a ella que le repitan una y otra vez que Gabriel se tiró abajo de un tren, en esa misma estación, hace ya 15 años.

(este post esta inspirado en el comentario de la joven Sweet35 -que inspiró otro post- acá)

Eating Out

14 octubre 2009

correveydile

Hablando de la dieta, la loca de mi oficina dice: “a mi me faltan dos talles para llegar a mi cuerpo”. 

Sin palabras.

Sector -9

6 octubre 2009

Pasante se fue de la oficina por mejores condiciones laborales y de recambio me dejaron una loca de mierda, que hace años que transita de dependencia en dependencia de esta gigantesca institución estatal y que a esta altura de su pobre psique ya no sirve ni quiere servir. Sin embargo ella insiste, es el Hellraiser de la comunicación institucional.
A mi me inunda la paja. Toda la paja. No es que Pasante me motivara a laburar (todo lo contrario, pocas cosas me motivan a hacer lo mismo de siempre), sin embargo su entusiasmo y “proactividad” me daban algo en que ocuparme. Ahora estoy con la loca, con XX que sirve solo para tareas mínimas que ingresen en su circuito de trastorno mental, con SD que es un amor de persona y la única que le pone pilas y con mi jefe cuya tarea es bastante engorrosa: ser jefe en una oficina donde no quiere estar.
Pasante me ponía de mal humor el 90% del tiempo, porque me desafiaba. Ponía a prueba mi paciencia, mi voluntad de ser copado, mis ganas de no hundirme en la computadora a leer blogs y no mover un puto dedo en toda la mañana. Pasante despertaba mi lado passive-aggressive.
Pasante era grossa, nunca se lo dije, no me importo decírselo jamás. Ella odiaba este lugar tanto como yo, solo que no se sentía parte de la maquinaria alienante de las oficinas públicas y bregaba por los cánones de normalidad perdida.
Y en eso nos diferenciábamos, ella combatía un poco. Yo simplemente me resigno.