Posts Tagged ‘mi mente grita’

Manual para ser uno mas del montón

17 enero 2012

Dedicado a @homonimo (Julio Lago)

Sudar en cubiculos de trabajo, acortar la vida en cada nudo de corbata, alejarse de la adolescencia en mocasines, en medias de vestir.

Esconder los tatuajes bajo el puño de la camisa.

Dejar de saltar, de bailar, de frotar cuerpo contra cuerpo uniendose al grito comunal e inentendible de quien cree cantar.

Tomar de los vasos a horas y momentos planeados, evitar deliveradamente el momento en que el suelo gira aunque estemos tirados en la cama.

Desconfigurar la mirada de asesino, de brutal provocador. Transformarla en condescendencia. Asentir ante los comentarios irritables. Desoir el impulso que nos obliga a correr, calle abajo, medio en bolas y a los gritos.

Crecer. Olvidar. Posponer.

Chupenla.

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Cuiqui

29 noviembre 2011

Imagen

26 peldaños contados una y otra vez. Cuando llegaba al numero 15 ya tenia el miedo trepado a los hombros, haciendo presion hacia abajo. El miedo me corria por la espalda mientras me agarraba fuerte a la baranda de fierro. Llegar arriba era ganarle al animalejo que me mordia los tobillos.

24, 25, 26. Llegar y mirar el camino empinado. Temer las astillas, pero mas aun la velocidad. No importa que abajo esté la arena, y mas alla siga la plaza infinita. No importa que pegue la espalda a los listones y que aleje las manos de los bordes para no quemarme las palmas o clavarme ningun tornillo traicioner. No importa que sepa como hacerlo.

El miedo esta ahi, el miedo esta en la panza, hace un nudo con mis tripas y me paraliza el pie. Los otros chicos empujan, ya dejaron su miedo enterrado en el subibaja. Yo tomo aire, me siento despacio, miro las puntas de mis zapas, cierro los ojos y me dejo caer.

La valentía es miedo al revés.

V

8 febrero 2010

Por el dolor y el miedo. Por no hacerlo realidad. Por eso y por muchas cosas decidí callarme lo del viernes. Por eso lo guardo para mí y no hablo de eso ni en estas letras que parecen decir mucho pero hacen muy poco.
Porque si, porque la casa esta tomada y en todos los cuartos se escuchan ruidos. Solo que no quiero salir corriendo, tirar la llave en la alcantarilla de la esquina y dejar abandonado el tejido a medio hacer, o los libros a medio leer (siempre me dolió con horror el personaje de la hermana, que se siente triste por perder su tejido.
La pérdida violenta de las cosas simples que nos acompañan día a día –tejidos, fotos, dvds, libros, cuadernos, cadenas, collares, cuentas de mail, facebook, juegos de computadora o incluso calzoncillos-  me produce terror y me duele hasta la inconsciencia).
Están, avanzan de cuarto a cuarto, lo se.
Creo que existe la paz, me lo contaron de chiquito.
Antes de ser asquerosamente sensiblero, y falazmente filosófico, quiero aclarar que sé por que lo hago, por que no hablo del viernes. Mejor no decir nada,  no cuentar que se de quien fue la culpa de tanta lluvia (a uno y otro lado de las ventanas), lluvia que cae con sol, lluvia que no para.
Por eso, ves, por eso nomás.

h dos ooooooh

4 enero 2010

El comienzo del año fue agua. Pura agua. Desde el jueves de madrugada, que se disolvió en interminables vasos y tragos con reaggetón de fondo hasta ayer, cuando me deshidraté de tanto llorar.
El 2010 es liquido (Baumann no te alegres aun te odio).

Please Wait…

19 diciembre 2009

Ya lo hablábamos con Bufón el otro día, lo que mata a la gente es la espera. Porque hay esperas inactivas, pasivas, esperas que no implican acción energética alguna por parte de la persona que espera y esas en si no hacen daño, no dejan huellas y se mantienen estables. Uno espera que deje de llover, que bajen los precios, que el gobierno no mienta o que el mundo sea mas justo. Esperas que no están al alcance de quien espera, si se quiere, pero esperas al fin.

Las que dañan son las otras. Las esperas activas. Esas que tienden puentes de ansiedad, de energía, de deseos, de ilusiones. Esas esperas que en el fondo son a veces reproches, a veces  broncas y a veces alegrías que se postergan.

Esas esperas que tienen nombres definidos, apellidos concretos y que llevan una carga son las que matan, las que desgastan y las que pudren.

Lo más triste, lo inevitable,  es que todos esperamos algo.
(el dia que saqué la foto, el cielo quería mandarnos un mensaje)

Cosas que hay que leer #1

18 noviembre 2009

“…Ademas de las condiciones de existencia, un elemento fundamental para entender el estilo de vida es el gusto pues este unifica los estilos de vida de las clases. Estas distinciones segun los gustos varían también de una clase a otra: son de naturaleza más estética-ética en la clase dominante, apelan a la voluntad cultural en las medias y se remite a los bienes necesarios en las populares…”

[Bordieu, Pierre, La distinción. Criterios y bases sociales del gusto]

Thinking under some other influence…or maybe my mind its just that way

29 septiembre 2009

“Te quiero, pero te llevaste la vela y me dejaste el entierro”, canta Calamaro en Mega 98.3 a las 5.50 de la madrugada del domingo. El frió es mortal, venimos desde Burzaco en un colectivo 160 y tengo a Novio que dormita en mi hombro. Me quedo pensando en esa frase. Miro por la ventana y la repito “te llevaste la vela y me dejaste el entierro”. “Nadie te dio vela en este entierro”, me digo a mi mismo.
De golpe se me aclaró todo. No estoy drogado, tuve pocos momentos tan lucidos en mi vida, se los juro.
Necesito que hagan el mismo ejercicio intelectual que hice yo, pero sin bondi y sin canción. Síganme los buenos:
Empezando por el principio, no se cuanta proporción de mortales en la historia de la tierra ha tomado la frase “nadie te dio vela en este entierro” de una forma literal, es decir, hasta ayer a la madrugada siempre creí que esta conjunción de tono despectivo (comúnmente utilizada para tildar de “metido” a alguien) tenia como referencia directa al sustantivo vela.
Cabe presuponer que decir “nadie te dio vela en este entierro” condice con la acción de un individuo cualquiera que, sin ser próximo a un determinado occiso, asiste al entierro del mismo, su condición de desubicado estaría determinada por la falta de una vela, adminículo que-supongamos- los propietarios de casas mortuorias entregaban a los deudos (y estos a sus invitados) para acompañar con luz el camino del fallecido a la fosa.
Hasta aquí, si ustedes desandaron el mismo camino que yo, queda demostrada con muy poco margen de error, la familiaridad de la expresión y la imagen mental que genera.
Ahora bien, si tomamos el término “vela” de nuestra aserción original y cambiamos su categoría “sustantivo” por la del verbo “velar” generamos en la instancia de reconocimiento, un campo de efectos de sentido completamente diferente.
En esta instancia, nuestra frase “Nadie te dio vela en este entierro” deja de tener como sujeto a una persona x (vivo) de los asistentes al nuestro hipotético entierro y pasa a otorgar el protagonismo a otro muerto. La referencia de “velar” implica a otro muerto que, equivocado de entierro, pretende usurpar el lugar de sepultura que no le corresponde. Y no le corresponde porque nadie lo ha velado, al menos no allí. Ninguno de los presentes le ha dado vela a ese muerto, en este entierro.
Imaginen la angustia de este pobre nuevo-no-vivo, que con menos de 24 horas de cadáver no encuentra donde descansar en paz y que, en su confusión, intenta usurpar un entierro que no le corresponde (para el cual, presuponemos una vez mas, ya hay asignado un determinado occiso que si tuvo el período velatorio correspondiente). Y si lo pensamos desde el lado de producción de la frase, es más que obvia la intención de catalogar de “desubicado” o “fuera de lugar” a cualquier muerto que sin recibir el periodo de vela prescripto por el reglamento, intentare apropiarse ilegalmente del lugar de descanso de aquellos que tienen todos los papeles en regla.
La gresca que, imagino, tiene lugar en el cementerio (y que da sentido final a la brutalidad de la aserción que nos ocupa) es digna de quedar retratada.
Imaginen el cuadro: Dos muertos en combate por la misma sepultura, una familia dolida que intenta expulsar al ocupante ilegal, preocupada por que este último no haga usufructo del un predio que mediante el pago correspondiente, ha reservado para su occiso, un sepulturero cansado que con pala y pico intenta zanjar la cuestión, mujeres que gritan, hombres que forcejean, viejas que lloran y en el fondo, en la administración del camposanto, otra familia modesta (de esas que no pueden pagar ni velatorio) averiguando si no ha pasado por allí un cadáver fresquito que se les ha perdido recientemente.