Posts Tagged ‘ficcionado’

Cuiqui

29 noviembre 2011

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26 peldaños contados una y otra vez. Cuando llegaba al numero 15 ya tenia el miedo trepado a los hombros, haciendo presion hacia abajo. El miedo me corria por la espalda mientras me agarraba fuerte a la baranda de fierro. Llegar arriba era ganarle al animalejo que me mordia los tobillos.

24, 25, 26. Llegar y mirar el camino empinado. Temer las astillas, pero mas aun la velocidad. No importa que abajo esté la arena, y mas alla siga la plaza infinita. No importa que pegue la espalda a los listones y que aleje las manos de los bordes para no quemarme las palmas o clavarme ningun tornillo traicioner. No importa que sepa como hacerlo.

El miedo esta ahi, el miedo esta en la panza, hace un nudo con mis tripas y me paraliza el pie. Los otros chicos empujan, ya dejaron su miedo enterrado en el subibaja. Yo tomo aire, me siento despacio, miro las puntas de mis zapas, cierro los ojos y me dejo caer.

La valentía es miedo al revés.

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27 junio 2011

 

El pibe tenía un harén.Selectos mancebos de esos que la sociedad va dejando de lado a fuerza de sus equivocaciones en sumas y restas, en reglas ortográficas, en accidentes geográficos…

El pibe tenía un sequito, una caterva de abdómenes duros y marcados, de hombros trabajados, de boxers bien rellenos. El pibe tenía una góndola de placeres privados y hasta a veces prohibidos.

El pibe imaginaba una seguidilla de eventos, de noches, de pistas, de cabinas, de dj`s, de fiestas con puertas cerradas. En su mente, el pibe distribuía sus bienes entre mesas vips, baños privados, coches importados, suites imperiales y penthouses de lujo.

Sin embargo estaban siempre entre cuatro paredes, los mismos morochos de carritos cartoneros, los mismos ojos ávidos de sustancias químicas con sabor a olvido, los mismos huérfanos del barrio, los mismos olores y sabores. Y cuando el teléfono llevaba mudo varias horas, de alguna manera redentora comenzaba la acostumbrada orgía.

Al final era mas lo que salia que lo que entraba de los bolsillos del dueño de casa.

Una lastima, el pibe pagaba caro sus placeres de cafisho amateur.

13 junio 2011

¿Te caliento? Vamos, no lo niegues, la pregunta es puramente retórica. Ya se que si. Ya se que me miras con chispas en los ojos. Vamos pibe, se que se te pone nervioso el estomago cuando me tenes adelante, que bajas la cabeza, que miras como late mi yugular, que te concentras en no sentir.

Y me parece perfecto, estas ahí y yo acá inmóviles los dos, pero yo soy conciente que tenes una revolución en el marote y en la pija. A diferencia de lo mió, que es pura excitación, lo tuyo es un deshielo del Perito Moreno.

Me reojeas el paquete con disimulo y me encanta que en tu postura de hacerte el boludo no dejes de notar como late mi entrepierna, y como se me aprietan por consecuencia los cachetes del culo.

Mi media sonrisa, tus cejas alzadas, mi mano que trata de romper la distancia y vos, ahí parado, mezcla de estupor y ansiedad. Vos al fin reaccionas, soltas la mano de tu novia y me palmeas la espalda en un abrazo de amistad.

 

9 mayo 2011

Y crecimos como quien no se fija en el tiempo, como acompañados por un incesante ir y venir de rayos de sol, de panaderos, de sabor a cloro en la piel, de hojas en el viento y de bufandas perfumadas. Crecimos, es la triste verdad. Ahora te descubro a la distancia, esa distancia que nos aleja y nos acerca cómplices en el juego de miradas, de saber que no se puede cambiar lo que ocurrió, que las estaciones siguieron pasando y la inocencia se diluyó en el caldo de la vida de todos los días, de la rutina de cuellos y corbatas, carteras y zapatos náuticos, abrigos de piel y sacos de corte ingles.

Una estupida pintura costumbrista…

19 abril 2010

En el subte, un pibe lee uno de los tres de Stieg Larsson, le falta poco para el final y lee con ganas, sosteniéndose como puede. Lee con avidez, lee concentrado. Lo felicito internamente, quiero meterle mano a la saga milennium desde que la vi, sin embargo, el precio es demasiado para tres libros de morondanga.

Estoy apoyado contra la puerta, miro distraído los fogonazos de luz que a intervalos  cruzan delante mío. Desde chico me encantan esos manchones blancos, me tranquiliza su regularidad. Las primeras veces que viajé en subte, recuerdo, no podía mirar hacia afuera. Me asustaba el ruido y me daban pánico las víboras (cables) que surcaban las paredes. Sin embargo, no podía dejar de mirar las luces, son tan perfectas…

Enfrente mío un pibe onda piola vago clava trance al taco, cierra los ojos despacito, imagino que imagina, sueña o revive alguna fiesta pasada. Linda forma de empezar el lunes.

En Callao una minita con botas altas sube con un vaso de plástico de starbucks. La odiamos, mucho, sobre todo porque mis pretensiones de desayuno se esfumaron poco tiempo atrás cuando me enteré que anoche en el Hospital se cayó un ascensor, hay gente herida y medios preguntando.

No va a ser un día fácil, va a ser lunes.

i shot andy warhol

3 marzo 2010

y en momentos como este solo queda escribir porque claramente lo que a mi me gustaria que pase no pasa ni con orden judicial o de cateo que son tan inusuales…

 “El problema esta en el tiempo del deseo”, contesto srto x en una revelacion sin limites y agregó: vos queres algo y lo que te tiene mal es que no lo tenes AHORA.

Y sabes que? tiene toda la razon del mundo. Porque si lo deseo no sucede ahora, va a suceder cuando sea tarde. Y bueh, es el guion viste? lo bueno es que se que sera tarde y voy a sonreir de cote mientras las cosas pasen y yo me diga a mi mismo “te lo dije, chito la boca” como si lo dijera gorda con helado.

Mi profesor de tele 1 nos enseño del “plot”, la trama, el desarrollo logico de los acontecimientos de un producto televisivo. Bueno, hoy se puede ir el plot a la reputisima que lo escribio, porque desde hace unos dias esa conchuda debe tener SPM y no hay invento farmaceutico que se lo cure.

“en el futuro, todo el mundo será famoso durante 15 minutos”.

amenem-

La chica que espera el tren bajo el puente

22 octubre 2009

Es curioso el mecanismo que rige la concesión de ciertos deseos. Mejor dicho, curioso resulta el ritual, el protocolo necesario para la enunciación y solicitud (interna, mental, nunca dicha labios afuera) de la cosa deseada.

Uno no puede ir por la vida pidiendo deseos porque si, hay que ser ordenado. ¿Desea usted recuperar a su gran amor? pues bien, solo debe acodarse en un semáforo y esperar a que pase un auto con moño blanco en el techo transportando en su interior una “novia” con vestido blanco. Ni bien la vea, pida el deseo.

Pongamos por caso que su meta es aprobar matemática, nada más simple: Mírese al espejo concienzudamente hasta detectar una pestaña caída naturalmente (si son forzadas no vale), luego agarre algún amigo que tenga deseos inconclusos, ponga la pestaña en su dedo pulgar con cuidado de no perderla, junte su dedo gordo con el de su amigo mientras piensan en lo que desea cada uno, al cabo de 30 segundos aproximadamente, separe el dedo del de su amigo. El poseedor de la pestaña tendrá su deseo concedido. ¿No es asombrosamente sencillo?

Sin embargo, algo no parece andar del todo bien con estos simples y bien detallados “pasos a seguir” que rondan por allí de boca en boca. Abundan los testimonios de pobres diablos que coleccionan estrellas fugaces caidas a tierra,  llevan 23 años mutilando margarita, pierden fortunas arrojando monedas a las fuentes (tristeza de pobres, alegría de cuida-plazas) o cargan de responsabilidades a inocentes “panaderos” y vaquitas de San Antonio.

Cabe destacar que la lista de quienes fracasaron será siempre mayor que la de quienes lo consiguieron, más que nada por una clara verdad humana: no estamos diseñados para compartir el éxito. La formula ganadora debe permanecer en secreto.

El caso de Margarita Talercio es quizás el más renombrado. A los 21 años, la noche en que su novio la dejó, llorando desconsolada se aferró a la baranda del puente de la estación Avellaneda. A cada tren que pasó sobre su cabeza, Margarita encomendó en silencio el pedido de recuperar a Gabriel Lafuente.

43 años después continúa aferrada a uno de los pilares. Desquiciada, ante la vibración que causa la llegada de cualquier formación grita con fuerza su deseo. Margarita no escucha ya más que su propia petición y la repite conforme al manual. Cumple el proceso a la perfección y aguarda el resultado seguramente satisfactorio. Poco le importa a ella que le repitan una y otra vez que Gabriel se tiró abajo de un tren, en esa misma estación, hace ya 15 años.

(este post esta inspirado en el comentario de la joven Sweet35 -que inspiró otro post- acá)