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The heart-shaped box

14 junio 2010

Ayer por la tarde tuve que hacer un viaje a “la abandonada”, la casa que solía ser de la familia. Es una hermosa casa centenaria, un ph 3º departamento en el límite entre Escalada y Banfield, a 10 cuadras de la casa que era de mi abuela, casa donde vivimos Madre y yo actualmente.

La abandonada es una casa grande de dos pisos que allá por el 87 compraron mis viejos, con un proyecto de remodelación hermoso, que (al igual que la familia) quedo trunco antes del mundial Italia 90. Fue hogar de mi vieja y mío hasta 2001, después viví solo por un tiempo y cuando estallo la caja de luz y el calefón no dio para mas, simplemente cerré la puerta y me fui.  La abandonada pasó a ser refugio ocasional de tardes y noches de escapada, cuando no quería verle el pelo a mi flia y pensaba en llorar un rato. Una casa fantasmal, sucia, solitaria.

A esa casa fueron a parar muchas cosas del pasado, que acumulan polvo y se hinchan presas de la humedad. Las vueltas de la vida y el fallecimiento de mi viejo hicieron que me tuviera que pelear por rescatar sus muebles, que aun hoy continúan en posesión de su ex novia. No voy a hablar al respecto, solo decir que esa turra se quedo con casi todo y no tuvo un gesto noble de devolver lo que no es de ella. Me consta que me odia (si les suena, es robado de Thalia), pero no voy a gastar pólvora en pelearme.

Así fue como de todos los bienes materiales de mi viejo solo pude rescatar una heladera con freezer, un microondas, una cama sin colchón, una mesa ratona y una caja con enseres de cocina (no, mi viejo no era un pordiosero, tenia un depto de 3 ambientes equipado a full, así que hagan cuentas sobre lo que me robaron). Ayer en la abandonada decidí hurgar en la caja de cosas a ver que había y cuando desenvolví el primer paquete me dieron ganas de llorar.

Encontré el mate de mi viejo. Si, un simple mate. El peor de todos, el que el más odiaba. Pero estaba ahí, tirado en la caja a medio envolver. Su mate. Ahora mientras escribo esto quizás me siento tonto, reconozco que es una gilada haberme puesto a llorar por encontrar un mate olvidado. Pero uno no llora por lo que encuentra sino por lo que deja detrás.

Un mate representa las muchas tardes de tele y biscochitos, las noches en que no cenó porque no tenía plata y la poca que le quedaba la guardaba para darme de comer a mi el fin de semana cuando iba a visitarlo. Todo lo que no me dijo esta metido en ese mate, y lo rescato ahora de entre la mugre de la única caja que me devolvió alguien que lo tuvo a su lado pero nunca supo quien era

Mientras me secaba las lágrimas con una servilleta sucia se me escapo una sonrisa tonta. Ella se quedo con los muebles, pero mi viejo esta conmigo.

(Despues de escribir esto me di cuenta que vengo a full con los recuerdos y con el daddy-issues. Pido disculpas ya volveremos a la frivolidad. El problema es que .. bueno..el problema soy yo).

La desaparición de las certezas

27 abril 2010

Entre muchas cosas que hizo en su vida, mi viejo era parapsicólogo. Una de sus habilidades era responder preguntas mediante un péndulo. La cosa era masomenos así: te parabas tembloroso enfrente de papá, extendías tu manito, preguntabas algo a tu interior y papá acercaba el péndulo a tu palma abierta. El mecanismo de energía que se desataba a continuación, inexplicable para mi, hacía que el péndulo girara. De acuerdo al movimiento papá te miraba fijo a los ojos y decía: “la respuesta es Si” o “lo que preguntaste es No”. Lo hacía con voz solemne, a veces profunda y a veces bajita. Como sea, siempre se me achicaban los huevos cuando preguntaba.

En mis 29 años consulté al péndulo alrededor de 8 veces. Nunca se equivocó con lo que respondió. Era infalible, dijera lo que dijera la respuesta era una sentencia firme, que mi viejo administraba en su papel de intérprete y depositario de un saber misterioso: poner en funcionamiento el mecanismo de la certeza.

Durante la infancia fue una tentación constante, ante cada encrucijada despertaba pensando en el puto péndulo como salida fácil a tener que decidir. Solo tomaba unos minutos, sin embargo, la respuesta lapidaria me asustaba. En la adolescencia lo evité, me daba miedo que no me guste lo que tenga que vivir o hacer de acuerdo a la contestación obtenida.

Pasaron los años y el péndulo fue cambiando de lugares de acuerdo a las mudanzas, también la distancia con mi viejo hizo que nuestro tiempo privado no se manchara con la necesidad de una respuesta urgente. Papá era papá no la vieja bruja de la esquina.

La verdad,  siempre me encontré al borde de preguntar. Cada vez que veia a mi viejo me daban ganas de saber una verdad más, tener una puta certidumbre acerca de tal o cual asunto. Sin embargo, nunca más hablamos del péndulo. 

Hoy dia no  tengo la más puta idea donde quedó ese cairel de la antigua araña que coronaba el comedor de la casa de mi bisabuela, transformado por artes y saberes en un aparatejo de la verdad absoluta.  Igual, sirve de consuelo pensar que tampoco se muy bien como encontrar respuestas tan contundentes.

No es defecto.. tenes mano chica

11 marzo 2010

Mamá: tomá, bañate con esto.
Yo: ¿que es? -contesto desde abajo de la ducha.
M: Jabón reductor
Y: ¿lo queeeee?
M: Jabón reductor. Amodil, lo compre esta tarde…
Y: Ai dios.. ¿y como funciona?
M: Igual que otro jabon.
Y: Aahh… ¿y como focaliza el efecto? digo.. yo hay partes que no quisiera que se reduzcan…
M: pff.. a vos lo que te vendria bien es que se te reduzcan las bolas…