El pibe tenía un harén.Selectos mancebos de esos que la sociedad va dejando de lado a fuerza de sus equivocaciones en sumas y restas, en reglas ortográficas, en accidentes geográficos…

El pibe tenía un sequito, una caterva de abdómenes duros y marcados, de hombros trabajados, de boxers bien rellenos. El pibe tenía una góndola de placeres privados y hasta a veces prohibidos.

El pibe imaginaba una seguidilla de eventos, de noches, de pistas, de cabinas, de dj`s, de fiestas con puertas cerradas. En su mente, el pibe distribuía sus bienes entre mesas vips, baños privados, coches importados, suites imperiales y penthouses de lujo.

Sin embargo estaban siempre entre cuatro paredes, los mismos morochos de carritos cartoneros, los mismos ojos ávidos de sustancias químicas con sabor a olvido, los mismos huérfanos del barrio, los mismos olores y sabores. Y cuando el teléfono llevaba mudo varias horas, de alguna manera redentora comenzaba la acostumbrada orgía.

Al final era mas lo que salia que lo que entraba de los bolsillos del dueño de casa.

Una lastima, el pibe pagaba caro sus placeres de cafisho amateur.

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Una respuesta to “”

  1. Nahuel L. Di Torre (@gebsamek) Says:

    Muy bueno, sin dudas. Me hizo acordar a mucha gente que en una epoca oscura en mi vida conoci.:)

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