Y crecimos como quien no se fija en el tiempo, como acompañados por un incesante ir y venir de rayos de sol, de panaderos, de sabor a cloro en la piel, de hojas en el viento y de bufandas perfumadas. Crecimos, es la triste verdad. Ahora te descubro a la distancia, esa distancia que nos aleja y nos acerca cómplices en el juego de miradas, de saber que no se puede cambiar lo que ocurrió, que las estaciones siguieron pasando y la inocencia se diluyó en el caldo de la vida de todos los días, de la rutina de cuellos y corbatas, carteras y zapatos náuticos, abrigos de piel y sacos de corte ingles.

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Una respuesta to “”

  1. nick Says:

    Buen relato!!

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